La Vanguardia me ha entrevistado para conocer mi trayectoria y la forma de cuidar la piel que guía mi trabajo en Carmen Secrets: natural, consciente y personalizada. Me hace mucha ilusión compartir esta entrevista contigo, por eso reproduzco a continuación el artículo completo.
También te dejo el enlace al artículo original en La Vanguardia: Leer la entrevista completa en La Vanguardia.
Con más de 36 años de experiencia, ha desarrollado en Carmen Secrets un método basado en el diagnóstico dermocosmético, la prevención y técnicas no invasivas para entender qué necesita cada piel antes de recomendar productos o tratamientos
Albert Malla Nicolau
¿Por qué una crema que funcionaba hace años deja de hacerlo? ¿Qué ocurre cuando aparecen manchas, sensibilidad o pérdida de luminosidad sin que exista una patología concreta? ¿Cómo cambia la piel durante la perimenopausia? ¿Y qué opciones existen para quienes quieren mejorar su aspecto sin recurrir directamente a tratamientos invasivos? Son preguntas frecuentes entre quienes quieren cuidarse, pero no siempre saben qué necesita realmente su piel ni por dónde empezar.
Entre la consulta dermatológica, necesaria cuando existe una patología, y la elección de un cosmético aparece un espacio profesional menos conocido: la cosmetología. Es ahí donde Carmen Ródenas, esteticista y cosmetóloga con más de 36 años de trayectoria, ha construido su forma de trabajar en Carmen Secrets, en Barcelona.
Frente a una estética centrada principalmente en corregir los signos visibles de la edad, Ródenas propone una forma de cuidar la piel basada en la prevención, el conocimiento de sus necesidades y el respeto por sus procesos naturales.
Entender antes de tratar
“La piel no es un tipo, es un estado. Hay tantas pieles como personas”, explica Carmen Ródenas. La frase resume una manera de entender la estética en la que el tratamiento no comienza escogiendo una crema o una técnica, sino comprendiendo qué está ocurriendo y qué necesita esa piel en un momento determinado.

La piel cambia. La edad, la exposición solar, los hábitos, el estrés, el entorno o los cambios hormonales pueden modificar su hidratación, sensibilidad, textura, pigmentación o firmeza. Por eso, una rutina adecuada durante una etapa de la vida puede dejar de responder a las necesidades de otra.
Todo comienza con un diagnóstico dermocosmético personalizado. Antes de recomendar un cosmético o realizar un tratamiento, Ródenas considera fundamental comprender el estado de la piel, sus necesidades y los factores que pueden estar influyendo en ella.
“No empiezo recomendando un tratamiento. Primero escucho, observo, analizo y valoro”
Carmen Ródenas
Esteticista, cosmetóloga y fundadora de Carmen Secrets
La valoración puede ocupar entre una hora y una hora y media e incluye una anamnesis detallada y el análisis de la piel, apoyado cuando es necesario por herramientas que permiten estudiar parámetros como hidratación, lípidos, textura o pigmentación. “No empiezo recomendando un tratamiento. Primero escucho, observo, analizo y valoro. La tecnología aporta datos, pero las manos, la experiencia y la anamnesis permiten ponerlos en contexto”, explica.
El objetivo es evitar protocolos idénticos para personas distintas. A partir de esa valoración decide qué cosméticos pueden tener sentido, qué tratamiento resulta adecuado y cómo debería evolucionar la rutina. “Muchas personas llegan con numerosos productos en casa y siguen teniendo la misma duda: qué necesita realmente su piel”, comenta.
Elegir cosmética con criterio
Ahí reside precisamente una de las funciones de la cosmetología: aportar el conocimiento necesario para poder elegir con criterio. Entre una piel y el cosmético que se aplica sobre ella, sostiene, debe existir una comprensión previa de sus necesidades, del estado en el que se encuentra y del objetivo que se quiere alcanzar.
Ese planteamiento también está detrás de Aléjate de Tóxicos, su proyecto divulgativo sobre cosmética. Pese al nombre, insiste en que su intención no es generar miedo hacia determinados productos, sino enseñar a escogerlos con mayor conocimiento.

Una parte de su trabajo consiste en interpretar el INCI —la lista de ingredientes de una fórmula cosmética—, comprender la función de sus activos y valorar si son adecuados para una piel concreta. Su filosofía apuesta por una selección consciente de productos y por una cosmética natural y ecológica cuidadosamente escogida, priorizando fórmulas respetuosas con la piel, la transparencia sobre sus ingredientes y la reducción de exposiciones innecesarias a determinadas sustancias.
Pero también advierte de que una etiqueta no debería sustituir al criterio profesional. Que un producto sea natural o ecológico, explica, no significa automáticamente que resulte adecuado para cualquier persona. “No quiero que alguien compre un producto porque esté de moda o porque lo haya visto en redes. Quiero saber qué contiene, qué buscamos con él y si esa piel realmente lo necesita”, resume.
Su visión de la dermocosmética es, además, integrativa. Durante la anamnesis pregunta por aspectos que no se limitan al neceser: el descanso, la alimentación, el estrés, los cambios hormonales o determinados hábitos pueden reflejarse en el estado cutáneo. Esta perspectiva adquiere especial importancia en etapas como la perimenopausia y la menopausia, cuando muchas mujeres detectan cambios en la hidratación, la firmeza, la sensibilidad o la luminosidad.
Cuidar la calidad de la piel
La tecnología forma parte del diagnóstico, pero no sustituye el trabajo manual. Kinesiolifting, masaje miofascial, masaje intraoral o drenaje linfático son algunas de las técnicas que Ródenas adapta a la anatomía y al estado del tejido de cada persona, combinándolas, cuando considera que aporta valor, con aparatología no invasiva.

La misma filosofía se traslada al tratamiento corporal, donde parte de una valoración previa para decidir qué técnicas manuales o sistemas de aparatología pueden tener sentido según el tejido y las necesidades de la persona.
Esta forma de trabajar también atrae a quienes quieren mejorar el aspecto de su rostro sin recurrir a procedimientos invasivos o desean explorar primero opciones no invasivas. Ródenas no plantea su método como una oposición a la medicina estética, sino como una manera diferente de trabajar la calidad de la piel desde una perspectiva preventiva, integrativa y personalizada. “Hay personas que quieren verse mejor, pero no quieren pincharse o prefieren explorar primero otras opciones”, señala.
Para la especialista, una intervención puede actuar sobre una arruga concreta, pero el cuidado de la piel engloba muchos otros factores. “La medicina estética puede modificar una arruga, pero el cuidado de la piel va mucho más allá: hay que comprender el origen de sus necesidades y acompañarla con tratamientos personalizados y saludables”, sostiene.
Hidratación, barrera cutánea, textura, pigmentación, luminosidad o fotoprotección requieren constancia y una estrategia que vaya adaptándose a la evolución de cada persona. “Podemos preocuparnos muchísimo por una arruga y olvidarnos de mirar la piel que hay alrededor”, añade.
Un cuidado que continúa en casa
Los tratamientos en cabina se complementan, además, con recomendaciones de cuidado domiciliario y hábitos preventivos. El objetivo es mejorar la calidad y el cuidado de la piel y acompañar su evolución a lo largo del tiempo, en lugar de limitarse a intervenir sobre un signo concreto.
El tratamiento tampoco termina en la cabina. Para Carmen Ródenas, una parte importante del resultado depende de construir una rutina asumible y mantenerla en casa. Por eso combina diagnóstico, tratamiento profesional, cuidado domiciliario y seguimiento.
La piel seguirá cambiando con la edad, las estaciones, los hábitos, las circunstancias personales o los cambios hormonales y, con ella, deberán evolucionar también algunos cuidados. Su objetivo, explica, no es generar dependencia de tratamientos o productos, sino conseguir que la persona comprenda mejor su propia piel. “Quiero que dentro de unos meses reconozcas una piel más equilibrada, luminosa y cuidada, pero también que sepas por qué ha cambiado y qué tienes que hacer para mantenerla”.
El primer paso para cuidarla mejor, defiende Ródenas, no siempre consiste en comprar otro cosmético o realizar un nuevo tratamiento, sino en saber qué necesita realmente. Un diagnóstico dermocosmético y una primera valoración permiten establecer un plan personalizado que combine prevención, rutina domiciliaria y cuidados profesionales. Después de más de tres décadas trabajando con pieles, Ródenas resume así la filosofía que ha construido en Carmen Secrets: “La piel no se vende, se entiende”.
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